La probada eficiencia de los Estudios Disney en lanzar productos de consumo masivo y con una impecable calidad estética está demostrada nuevamente en su última película, “Encanto”, que tiene una semana más asegurada en la pantalla de los cines tucumanos.

Desde su lanzamiento en el país, el filme familiar vendió más de 275.000 entradas en las 319 salas donde se lo exhibe. Así, está al tope de la lista de los más vistos tanto a nivel nacional como provincial (sólo la última semana compraron su ticket casi 2.000 tucumanos). Además ya está en el puesto 12 en el ránking de las preferidas de todo el año y subiendo.

La trama se centra en la familia Madrigal que vive en las montañas de Colombia. Todos sus integrantes tienen poderes mágicos especiales (uno habla con los animales; otro ve el futuro y también están los forzudos y los sanadores), salvo Maribel. Ella se transformará en una heroína y será la responsable de salvar a su pueblo escondido y aislado de la destrucción desde fuera.

Desde Disney se reivindicó como fuente de inspiración al realismo mágico del Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, lo que hizo que algunos especularan si se trata de un verdadero homenaje a la cultura latina o una estrategia para mantenerla a raya dentro del dominio estadounidense, según publica el portal de noticias de la agencia argentina Télam.

La polémica se instaló con fuerza en el mundo latino, como era de esperar. El crítico cinematográfico mexicano Samuel Lagunas definió al estudio “como el brazo cultural de la política estadounidense, y viéndolo así podemos entender cómo se ha transformado su relación con Latinoamérica y su representación en el cine”. En un nuevo contexto, se ha convertido en “domesticador de la diversidad social”, según su mirada.

“La multiculturalidad que se declama no es una inclusión real de la otredad: es una inclusión de aquello que le conviene mantener a la cultura dominante estadounidense. También hay aquí un afán pedagógico”, juzgó en una entrevista realizada por el periodista español Alberto Corona.

En un tramo de “Encanto”, una bandada de mariposas amarillas pasan volando por la casa y resulta una referencia ineludible a la obra de García Márquez “Cien años de soledad”. Pero Lagunas advirtió que este elemento es otro “calculado esfuerzo de la asimilación latina”, una comunidad que tiene una fuerte presencia en Estados Unidos y que es, a su vez, consumidora (es decir, el público) a quien también va dirigida la industria del entretenimiento.

Desde las entrañas de “Encanto”, la visión del actor John Leguizamo es distinta. Le puso la voz a Bruno, uno de los principales personajes, y reivindicó que “la representación de latinos y otras minorías está cambiando” en Hollywood, donde actúa desde hace cuatro décadas.

Nacido en Bogotá pero emigrado junto a su familia a los 4 años a Nueva York, Leguizamo es desenfadado y franco al hablar sobre cómo los latinos son representados en pantalla. Por eso le reconoció a Télam que sintió “un gran orgullo” al saber de “Encanto”. “La mayoría de las veces que aparecen latinos en el cine es con una connotación negativa, y vernos celebrados por nuestra belleza, por nuestra inteligencia y nuestros regalos al mundo es algo muy importante. Somos el 20% de la población de EEUU, e incluso representamos el 25% del consumo de la economía, pero casi somos invisibles”, afirmó.

No es la primera vez, y no será probablemente la última, que Disney recibe críticas por una película animada: en este caso -su filme número 60- tiene a toda una familia latina por protagonistas, que toman café y comen arepas con queso, usan ponchos y coloridos vestidos regionales, y como si esto fuera poco, Maribel usa anteojos.

¿Una princesa de Disney miope? “Qué viva la diversidad”, pareciera ser el nuevo lema de la compañía del ratón, según Télam, aggiornada a lo que reclaman los nuevos tiempos, como ya demostró con “Raya y el último dragón” con la protagonista asiática, guerrera y lesbiana (aunque no fue presentada así oficialmente) o la anterior, “Soul”, protagonizada por un profesor de música negro, que vive en Nueva York. Lejos quedaron las sufridas “Cenicienta” o “Blancanieves y los siete enanitos”.

Dirigida por Jared Bush y Byron Howard, “Encanto” -su nombre original es en español (el tercer idioma más hablado en el mundo detrás del inglés y del chino)- busca reflejar la cultura, la gente y la música de Colombia. Para ello, los realizadores hicieron un viaje de investigación a ese país (previo a la pandemia) y tuvieron numerosas conversaciones con especialistas en cultura colombiana, antropología, botánica, música, lenguaje, vestuario y arquitectura real de ese país, que inspirara a la creación animada. El recorrido incluyó visitas del equipo desde el Valle de Cocora hasta el Eje Cafetero, incluidas las selvas tropicales.

A Mirabel se la ve con una colorida pollera con flores bordadas, una camisa blanca y un morral que lleva cruzado sobre su cuerpo, además de sus anteojos y una cabellera de grandes rizos negros. Incluso ensaya unas notas en un acordeón. Hay vallenato, reggaeton y bambuco en las canciones del filme, interpretadas por Sebastián Yatra y Carlos Vives (para que no queden dudas, la canción principal se titula “Colombia, mi encanto”), escritas por Lin-Manuel Miranda, por estos días figura favorita de Hollywood: es un neoyorquino hijo de boricuas, rey del musical (interpreta al deshollinador de “El regreso de Mary Poppins”) y creador de “In the Heights”. Otro músico colombiano, Maluma, le da voz a un personaje del pueblo, Mariano.

“Mucho de Latinoamérica es una combinación de pueblos con legado indígena, africano y europeo. Colombia se considera el lugar de confluencia de toda la cultura latinoamericana y queríamos que esto se reflejara dentro de la familia Madrigal”, señaló Bush, directora y guionista. “Nuestros personajes reflejan la diversidad de Colombia y la forma en que conviven diferentes culturas de una manera singular”, se sumó William Schwab, responsable de arte del filme.

Más allá de las observaciones, el resultado buscado por Disney se asienta en un musical emotivo, divertido y ameno; tal vez, una exaltación de la diferencia para algunos. Para otros es otra demostración de cómo el mainstream busca absorber a las “minorías”, limar sus diferencias o rispideces, y transformarlas en parte del sistema. Es decir, transformarlas en mercancía.

Una argentina en doblaje

En la versión original de “Encanto”, el doblaje de Mirabel (el personaje principal) está a cargo de Stephanie Beatriz. Su recorrido personal bien puede ser entendido como una síntesis de la mixtura latina: esta actriz, famosa por ser la detective Rosa Díaz de la comedia policial televisiva “Brooklyn Nine-Nine”, nació en la Argentina el 10 de febrero de 1981 (es oriunda de Neuquén), de padre colombiano y madre boliviana, con quienes llegó a Texas, Estados Unidos, con tres años. “Me identifico como latinoestadounidense desde mi experiencia como inmigrante. Lo que más me identifica de Mirabel es su sentimiento de no pertenencia. Y a diferencia de muchos héroes de Disney, no tiene un compañero que la guíe en la historia”, le dijo al New York Times.